Exclusivo: el relato de un testigo de los entierros durante la dictadura militar

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Después de 37 años de silencio, un testigo en primera persona de los entierros de la dictadura militar en el cementerio de Punta Alta, rompió el silencio y habló en RADIO MEGA. Hace algunas semanas lo hizo ante la Justicia que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en Puerto Belgrano y Baterías.

 "Trabajo en el cementerio, como albañil, desde el año 1969. Yo vi como entraban al cementerio los militares entre los años 1976 y 1977. El lugar, por entonces, se transformó en una zona militar", relató José Palacios.

El testimonio lo brinda con calma, pero también con la certeza de haber vivido de cerca el horror. "Cuando entraban al cementerio, a los que estábamos, nos encañonaban con fusiles. Nos retiraban del lugar a unos cien metros y entraban unos militares con las caras tapadas, ellos veían nuestras caras, pero nosotros no la de ellos", dijo.

"Nosotros mirábamos de lejos, y si nos movíamos se escuchaba cuando cargaban sus armas, eso daba miedo. En ese momento un suboficial estaba a cargo del cementerio", continuó.

José Palacios asegura que "a esta altura de mi vida prefiero contar lo que viví, a no seguir callando por el miedo que vivíamos. Teníamos terror de lo que estaba pasando, pero ¿a quién le podíamos contar?".

El relato se vuelve más escalofriante cuando relaciona el lugar donde encontraron los cuerpos en la víspera, con los movimientos que se observaban en la década del setenta.

"Los que nos apuntaban eran los Infantes, nos retiraban a cien metros a nosotros y a los empleados municipales que estaban en el lugar. Actuaban en la zona donde encontraron los cuerpos, que por aquellos años era un baldío. En ese lugar permanecían un largo rato", prosiguió el relato.

El horror cara a cara

"Un día de las tantas veces que entraban con jeeps y camionetas, uno de nosotros fue hasta la entrada del cementerio por calle Colón, para ver si se habían ido. Cuando estuvimos seguros fuimos unos cuantos al lugar donde se quedaban, porque como nos alejaban no veíamos qué hacían", afirma.

Pero el relato del horror siguió: "Al llegar al lugar nos dimos cuenta que habían removido tierra, como eran médanos no era difícil darse cuenta de que algo había pasado. Se notaban una especie de fosas, lo que nos generó más que miedo, terror. Nos juramos nunca hablar de eso, fue un pacto de silencio".

Indicó que hace poco tiempo, cuando tomó conocimiento que la porción de tierra en cuestión había sido comprada, le dijo a un conocido: "en ese lugar hay muertos". Le dijeron que era imposible, pero dice: "yo sé lo que vimos, lo que hacían cuando venían, fueron unas 30 veces en dos años, entre 1976 y 1977".

Palacios dice que no puede asegurar si los cuerpos que tiraban los militares eran de personas vivas o muertas.

"Después de más de 30 años, la historia me cierra, siempre había mucha gente, pero era todo cerrado. Inclusive fui testigo de velatorios a cajón cerrado, donde decían que los cajones no tenían cuerpos sino piedras. Los militares custodiaban los velatorios, y no dejaban que ni siquiera las familias se acercaran", expuso.

El testigo de los entierros de la dictadura militar en el cementerio, sostiene que "eso nunca se me fue de la cabeza, los julepes (sic) que nos pegábamos eran terribles. Es imposible olvidar todo eso".

Palacios aclaró que "todo lo que cuento no me lo dijo nadie, lo vi, lo viví. Y lo cuento porque mi vida ya pasó, pero es hora que todos sepan lo que pasaba en el cementerio. Ya no tengo miedo, sólo me gustaría que el que me apuntaba volviera a pararse frente a mí, hoy la situación sería otra".

El relato del horror en vivo, el de un albañil que a 100 metros observaba junto a otros testigos, el accionar de los militares del proceso.

"Son unos 60 metros de fosas, si buscan van a encontrar más de lo que piensan. Por mi parte ya dejé de temer, ya conté lo que vi y callé durante 37 años".

Quique Gomez Lepez